En esta segunda, en el primer apartado, el autor es
Antonio Lorente Solano.
Autor de "Como limón seco" (Madrid, Libertarias/Prodhufi, 1992),
espera la publicación de "Quebranto", su último poemario.
"No es un poema" pertenece a una serie de textos
en prosa titulada "El hombre que se acaba".
No es un poema
Esto no es un poema. Esto no puede ser un poema. Porque un
poema nace muerto y sólo confirma lo que no es, como los besos
que no se dan. Los besos que no se dan. En la carretera un perro
muerto acoge los despojos del poema, el beso de quien lo mira.
En cada palabra el poema se deshace, se deshila, quiebra el
brazo de la vida, la mancha roja sobre el papel rugoso, la
sangre en la carretera, el deseo que espanta.
El deseo espanta. Soy indeseable, uno de los indeseables que
rasgan, como rasgos tristes, poemas que no son, que se deshacen,
se deshilan, se quiebran. Hecho pedazos, el indeseable que
escribe vuelve a engañarse y ensucia el don precioso de la
página virgen como esperando una recompensa que nunca va a
llegar, que no puede llegar.
Sólo escapan ciertas palabras, palabras sueltas, liberadas del
marco que las acoge y reprime; así: te quiero, calor, sudo,
celos, balcón, lejos, ven, miedo, noche, espera, danza, hambre,
beso, palabra, muerte y primavera, que son lo mismo, y luego
silencio, la palabra que se autoinmola al pronunciarse, la que
se quiere salir del poema, silencio, silencio.
Sigo esperando.
En la mesa hay papeles y vasos y más papeles y más vasos. Y una
foto de mí sobre la pared que te mira en tus momentos más
oscuros mientras yo te miro desde la puerta en mis momentos más
oscuros. Y tú me miras a los ojos de la foto arrancada a la
pared, y no miras tú a los ojos de la puerta donde poso para ti
mirándote, como una foto que siempre siempre estará en tus
manos. Ahora te muerdes las uñas, como una niña pequeña que nada
espera, como una mujer que espera el autobús que sabe que vendrá
a la hora justa, como la vieja de mis sueños que se muerde las
uñas cuando morderse las uñas ya no es más que morderse las
uñas, porque ya no hay más metáforas ni símbolos, ni miradas
traviesas de tu boca a mis ojos o de mis ojos a tu boca, ni rito
de la sábana mojada a que profesar veneración. Ni tiempo para
otra cosa que pasar juntos el tiempo que nos quede de vida.
El tiempo que nos quede de vida no es ya más un tiempo parejo ni
reposado ni bebible, como el beso que me das cuando te vas. Te
vas. Ahora escucho Blame me y escribo. Quizás estás asustada
porque escribo. Pero no temas. Porque esto no es un poema. No
puede serlo. Me traiciona, me aniquila la mano, esta carrera
loca de la tinta, ajena a mis espasmos, y el tamaño del papel y
la mancha del alcohol en el trasfondo. La mancha del alcohol, y
allí la vida.
La vida era tu vida abierta, tu carne abierta, tu boca abierta,
tus ojos abiertos, tu abrazo, tu palabra. Tu silencio abierto.
Pero ahora se han cerrado ya y ya no hay poema. Porque se
cierran y tiemblo, esperando tiemblo, porque aquello era la
vida.
En la segunda parte os ofrecemos un
poema de Francisco Albiac.
No (por la paz)
duérmete amor,
duerme tu sueño incierto
que juntos saludaremos
el alba de oros nuevos,
no abras los ojos duerme,
que los necios mercaderes
te quieren robar el alma
que quieren saldar sus deudas
por mor de tu risa calma
descansa de tus temores
no hace falta que implores
a los dioses de hojalata
que la vida grita más raudo,
sueña dulzura
que te voy a regalar
un mundo de futuros y esperanzas.