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De Yolanda Bedregal os ofrecemos dos muestras de
su
palabra calida y profunda. Boliviana, nacida en 1916 y
fallecida en 1999. Maestra, narradora y poetisa, es
una de las grandes voces de la literatura de Bolivia
La danza
Era el caos del PRINCIPIO. Esponjaba el
Silencio su nebulosa helada. En paredes de Nada trepaba lo
increado. La luz como crisálida se incubaba en lo oscuro. La
Materia y el Tiempo giraban en la boca redonda de Dios. Era un
cero sin límite huevo inconmensurable en la boca redonda. Ya Dios
no soportaba la POTENCIA REBELDE y el SEA como flecha en espiral
lanzada rompió la nebulosa. Dio cuerpo a la Materia: Azul el
firmamento desplegó el raso liso. Rodó el pálido ojo de un sol
amarillento, el mar nacía frío con un vagido verde. Un acuario de
astros inquiría sus órbitas. Pulieron las escamas el dorso de los
peces y se ajustó el plumaje al contorno del pájaro. El Hombre en
parda greda diminuto gusano era sólo una mancha del Universo
INMÓVIL. De golpe aquel momento se desataba el TIEMPO de su
guarida eterna como un caballo loco. Atravesó los ámbitos en
vértigo embriagado. Allá el mar cantaba a su paso sonoro. Allí los
astros ebrios desatándose en brillos rumor entre los árboles que
se cuajaban de hojas. Rugiendo las montañas enhiesta cresta
erguían. El viento se llenaba los pulmones de música. Serpenteando
en el aire que elevaba su muro el RITMO rasgaba el tiempo como una
enredadera de ígnea nervadura. Y aquel pardo gusano de pronto tuvo
sangre que lo transpuso entero en cálido oleaje. El tiempo fue su
látigo el ritmo su anestésico. Y COMENZÓ LA DANZA DEL UNIVERSO
ENTERO entre orquestal preludio de truenos y relámpagos. Aquel
pardo gusano de pronto tuvo música, de pronto tuvo lágrimas y
empezó su delirio. Sobre la nota única en el dedo del pie saltó la
Danza mágica. Se enroscó en el tobillo reptando por los muslos.
Multiplicó cabezas en el torso iniciado. Se adelgazó en el cuello
para dar paso al éxtasis y fue una llamarada de sangre enardecida
sobre el tapiz del mundo atezado en un disco. El Tiempo y la
Materia desplegaron las alas sobre esa llama viva de sangre que
danzaba. Desde la nota única en el dedo del pie brotaron las
escalas musicales. En una arquitectura de orquesta cada miembro
ensayó su crescendo. En las caderas firmes golpearon los timbales.
En el tambor del pecho retumbó la alegría. Y se abrieron los
brazos profusos igual que el varillaje de un abanico roto
encendiéndose en ritmos flexibles o crispados ardiendo en
MOVIMIENTO. Hubo todos los gestos en los hachones ebrios, terror,
espanto, súplica, ternura, amor, deseo, laxitud, plenitud. En el
cuerpo danzante se acechaban venciéndose, uniéndose, rompiéndose,
juntándose de nuevo el Espacio y el Tiempo. El Tiempo y el Espacio
se perseguían ávidos en unidad magnífica. Y la cabeza humana breve
botón del alma era el eje del mundo cuando rompió la danza.
Transverberaba el cuerpo lo FUGAZ y lo ETERNO. Brillo y Sombra. No
y Sí se sucedían en la danza Suma de los colores. Brasa y Ceniza a
un tiempo. Nacimiento y Muerte simultáneos. Las células efímeras
captando eternidades. Cuando empezó la Danza se perfumó la
atmósfera y se ciñó la túnica polifónica el COSMOS.
Resaca Cuando ya la resaca deje mi alma en la playa,
y del arco agobiado de mi espalda se vaya
el ala cercenada, cual vela desafiante,
en cicatriz y estela prolongará el instante.
Quedarán vigilando, símbolo intrascendente,
dos pobres ojos pródigos y una mendiga frente.
¡Catacumba de agua, amor! ¡No me conoces!
Ni nadie nos conoce. Sólo hay fugaces roces,
desencuentros, en la prieta mudez de encrucijadas.
Expían su demora presencias nunca halladas.
No son cruz ya los brazos ni altar para holocausto
de salvajes ternuras. Con su claror exhausto,
un sol desalentado ahonda los abismos.
Somos polvo y lucero, todo en nosotros mismos.
Para esta elemental ceniza taciturna
sea la inmensa lágrima del Mar celeste urna. |