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En una escuela, perdida en la serranía cordobesa, una maestra (que
no profesora) enseñaba a sus alumnos, la lección de GEOGRAFÍA,
para saber cómo estaban los niños de conocimientos preguntó: —
¿Quién puede decirme cuántos continentes hay?....
Un alumno, inocente en extremo, dio la repuesta.
— Siete.
Toda la casa, clase, perdón, se echó a reír.
— ¿Cómo siete? — preguntó extrañada, Rosalía, la maestra. —
Si, son África, Asia, América, Europa, Oceanía, Antártica y
Piedra.
La clase se quedó estupefacta, no podían dar crédito a lo que
acababan de oír.
— ¿Qué continente es Piedra?
— No puedo explicárselo con palabras pues es digno de ver en
persona.
— ¿Y dónde se encuentra para verlo?
Rosalía, la maestra hizo esta pregunta para ver hasta donde
le llevaba la imaginación de su alumno, pues Enrique, aunque
inocentón, siempre se destacó por ser un alumno travieso y no
muy estudioso por cierto.
— El sábado lo podremos ver.
A los dos días todo se había olvidado, excepto para Enrique.
Rosalía, la maestra vivía en una casa de campo, cerca de un
olivar. El sábado por la mañana, a las nueve, Enrique se
presentaba en casa de Rosalía, la maestra. Cuando abrió la
puerta se quedó sorprendida.
— ¿Qué haces aquí y a estas horas?
— Vengo a que vea Piedra.
— Anda entra, te prepararé una tostada con ACEITE DE OLIVA
VIRGEN y luego veremos Piedra.
Rosalía, la maestra, no salía de su asombro. ¿Cómo era
posible qué Enrique estuviera tan convencido de la existencia de
otro Continente?
Al fin, como buena maestra, accedió a acompañarle, llegaron a
la entrada del olivar, levantó Enrique una gran piedra y...
¡ Era cierto! En efecto, todo un Continente, aunque no era
humano, se abría ante sus ojos. Para explorar mejor aquel
continente se transformaron: Enrique era una Hormiga y Rosalía,
la maestra en una Mantis religiosa. Así pudieron conocer mejor
la costumbre de estos dos animales y, demostrar al mundo la
existencia de un Continente Virgen no Humano. Aparte vivían
arañas, insectos e infinidad de otros animales. Enrique y
Rosalía, su maestra se convirtieron en fieles aliados de nuestra
Madre Naturaleza y con la ayuda de todos los alumnos de los
colegios de la zona, consiguieron que la ONU declarase a aquel
continente Patrimonio de la Humanidad, sin derecho por
parte de ningún país de explotar sus bienes.
* Este cuento fue escrito por Enrique Jorge, cuando
contaba 7 años de su vida. |