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¿Por qué paidófilo y filántropo contienen amor filial?

El día 2 de julio de 2010, Carlos Alberto Carcagno, inició un tema en los Foros de Batiburrillo, en la sección Errores comunes y curiosidades del saber colectivo, con el título que encabeza este artículo. Trece días después Ryuuzaki escribió una respuesta al tema iniciado por Carlos. En menos de dos horas Carcagno publicó su respuesta.

Amor filial

Aunque ya han pasado más de cuatro años, debido a su interés nos hemos permitido transcribir aquí el artículo original, lo que escribió Ryuuzaki y la respuesta de Carlos Alberto Carcagno.

Artículo original

Siempre me llamó la atención la palabra paidófilo, que designa a las personas que tienen una desviación sexual hacia los niños o muy jóvenes, todavía no maduros para una relación sexual. En la mayoría de los países esto es un delito muy grave y está definitivamente mal visto por todos, hasta por los más libertinos.

La curiosidad provenía de las dos raíces griegas que conforman la palabra. La primera es paidos, que significa niño y el tipo de amor phileo, que denota al amor fraternal. No comprendía el motivo por el que una raíz que figura en la palabra filosofía, que literalmente significa amor por el conocimiento, y en la palabra filántropo, que significa “que ama al hombre” o “amigo del hombre”, podía involucrar una actividad erótica (eros, el amor sexual, entre los griegos) con un sentimiento de amor tan noble como es el de amistad o de hermandad.

Me decidí a investigar esta aparente mala elección de la segunda raíz de la palabra, para tratar de comprender el por qué de esa construcción.

Los griegos tenían cinco palabras diferentes para designar al amor:

El amor “xenia”, que era el que se brindaba en la hospitalidad.
El amor “storge”, entre padres e hijos.
El amor “eros”, puramente sexual.
El amor “phileo”, de amistad, compañerismo sincero y profundo, hermandad.
El amor “agape”, el más sublime de todos -y el más raro entre los hombres-, un amor caritativo, altruísta, desinteresado e incondicional; un amor basado en principios, más que en sentimientos de afinidad hacia la persona que lo recibe.

Aunque nos apartemos un poco del tema principal, vale la pena analizar a la última palabra y a la primera de la lista.

El amor agape no está basado en sentimientos de atracción, afinidad o de bienestar por la presencia de la persona que lo recibe. Es el amor de Jesús cuando ponía la otra mejilla, o cuando dio su vida para rescatar potencialmente a todos, aún a aquellos que en ese momento lo escupían, insultaban y torturaban física y emocionalmente. Es el amor que figura en la frase: “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35; Lucas 6: 27-33; Mateo 5: 38-48). El amor agape es el que practica el médico en una ciudad bombardeada, cuando un piloto enemigo baja herido y debe curarlo y salvarle la vida como al que está a su lado recibiendo las bombas.
El amor exenia es bastante más fácil de practicar. En la antigüedad los viajes eran largos y penosos y el viajante o peregrino pedía auxilio hospitalario a personas que no lo conocían. Tampoco requiere de sentimientos hacia la persona recibida como huésped. Es difícil tener sentimientos de cariño fraternal hacia quien nos es desconocido, pero el anfitrión estaba dispuesto a recibir a la persona con respeto y de brindarle su techo, un lugar cómodo donde dormir y alimentos.

  La bala que siempre llega a su objetivo

Pero volvamos al hilo del asunto. La explicación del por qué de la raíz phileo viene de las costumbres de la sociedad griega antigua. Los niños y jóvenes eran mandados a estudiar con maestros. En ese entonces era común el discipulado, el alumno no solamente recibía una clase magistral y distante de ciertos nonocimientos, sino que convivía gran parte del tiempo con su maestro y recibía filosofía, ejemplos de conducta, en una relación estrecha. Esa relación estrecha que se entablaba entre educador y educando desarrollaba sentimientos de amor fraternal entre ambos. La sociedad griega no veía mal que maestro y discípulo tuvieran una relación sexual, aún homosexual. Al contrario, esto era considerado conveniente, porque los acercaba más y mejoraba la comunicación. No era visto como sexo, sino como una consecuencia natural de una relación muy próxima.

Las costumbres cambiaron y ya nadie pretende lo que los griegos consideraban adecuado. Hoy es un delito aberrante, pero en el uso técnico que dan a la palabra los terapeutas y psiquiatras se conserva el sentido original del punto de vista griego antiguo.

Respuesta de Ryuuzaki

¡Cuánto tiempo sin escribir por estos lares!

Es curioso lo que dices. No obstante, no estoy seguro de que hoy en día se conserve enteramente tal significado para las filias, sino más bien un significado de atracción hacia algo, sea o no en sentido sexual y sea o no hacia algo por lo que se pueda tener un sentimiento de amistad o hermandad. Por ejemplo, la bibliofilia es una mera atracción hacia la lectura, aunque no consideres que haya ningún tipo de compañerismo. Por tanto, la pedofilia no indica más que una atracción (entendida como sexual) hacia los niños, obviando el significado original que pudiera tener el sufijo. Del mismo modo, no todas las fobias implican odio en un sentido estricto.

Respuesta de Carlos Alberto Carcagno

Un placer volver a encontrarte otra vez. Es muy interesante lo que dices. Parece que la tendencia en la evolución de las lenguas es a simplificar y a hacer más amplios los conceptos, antes más específicos y diferenciados por distintas palabras.

Con fobia resulta lo mismo. Como bien indicaste, fobia no significa necesariamente odio, como en el caso de xenofobia: odio o rechazo hacia los extranjeros.

Originalmente fobia significaba miedo. Phobos era un dios menor hijo de Ares (Marte para los romanos) y de Afrodita (Venus). Phobos, el miedo, y Deimos, una especie de terror, eran los compañeros del dios de la guerra. El miedo pánico era el sentimiento que producía la vista del dios Pan.

Un complejo universo el del lenguaje humano. Quizá por eso nos resulte tan difícil entendernos.

Un abrazo.

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Acerca de fabriciano

Amante de la informática y de Internet entre otras muchas pasiones. Leo, descifro, interpreto, combino y escribo. Lo hago para seguir viviendo y disfrutando. Trato de dominar el tiempo para que no me esclavice.