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El sofá del gato

Ya van a cumplirse cinco años del nacimiento de Rula, sólo faltan seis días, la perrita Yorkshire que nos trajo uno de mis hijos y que provocó en mi, he de confesarlo, un mayúsculo enfado. Con el paso del tiempo, me ha conquistado, y ya no me imagino la vida sin ella. Es parte de nosotros, de mi mujer y de mi. Nos lo da todo a cambio de muy poco. Mientras escribo esto la tengo dormida a mi izquierda sobre un cojín azul, su cojín. Hoy ha corrido mucho en la finca de la casa que tiene una de mis cuñadas y está agotada.

El sofá del gato

Acabo de descubrir el sofá del gato y, a pesar de que lo considero horrible, no me he resistido a presentarlo aquí, porque me trae vivencias y recuerdos muy agradables. Si los perros forman parte de la vida de muchos de nosotros, no digamos los gatos, que hoy y siempre han sido un miembro más de muchas familias. ¿Os imagináis lo que disfrutará un gato moviéndose por ese tubo singular que conforma la estructura del sofá? Está pensado para el minino y su amo o amos. Para disfrute de uno y descanso del otro u otros. Eso es lo que nos cuenta su inventor en Munseungji.

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Acerca de fabriciano

Amante de la informática y de Internet entre otras muchas pasiones. Leo, descifro, interpreto, combino y escribo. Lo hago para seguir viviendo y disfrutando. Trato de dominar el tiempo para que no me esclavice.