Humor

Enamorarse por Internet entraña grandes riesgos

Conoces a alguien de manera "virtual". Es lo que ofrece Internet en algunos tipos de aplicaciones, incluidas las redes sociales. Ello entraña sus riesgos.

Enamorarse por Internet entraña grandes riesgos

Enamorarse por Internet es algo hoy muy frecuente, a pesar de que las personas implicadas no se conocen. Las imágenes ofrecidas no tienen nada que ver con la realidad, lo mismo que lo que cuentan de ellas. Ello, está claro, entraña altos riesgos. Así, en una gran cantidad de ocasiones, si llegan a verse en persona, descubren los engaños.

La vida siempre estuvo llena de sorpresas, y más ahora en que la comunicación entre las personas dispone de múltiples canales. Si eres un usuario de Internet que participa en redes sociales, en los ya casi obsoletos chats, o en servicios similares, cuidado, no te dejes embaucar por lo primero que encuentres, no vaya a ser que te lleves una sorpresa. No te fíes de la persona que se pone en contacto contigo, en muchos casos lo que cuenta no tiene nada que ver con la realidad.

Un caso posible

Hace ya algún tiempo que recibí el diálogo que os ofrezco a continuación. Lo tenía escondido en una de esas páginas olvidadas de Batiburrillo.net. Vuestro es…

Hombre – Hola, he estado todo el día pensando en ti.
Mujer – Yo también.
Hombre
– Hace mucho que no lo pasaba tan bien.
Mujer – Quiero conocerte en persona.
Hombre – A mí también me gustaría, pero los dos estamos casados. Va a ser difícil…
Mujer – Lo digo en serio, tienes que hacer algo. Estoy enamorada de ti, ¿y tú?
Hombre – Creo que también.
Mujer – Dime que me amas.
Hombre – Estoy perdido de amor por ti. Me has embrujado. Ya no sé ni dónde tengo la cabeza; si arriba o abajo.
Mujer – ¡Ja, ja, ja…! Me encanta que me digas esas cosas. Mi marido no tiene sentido del humor.
Hombre – Que pendejo tu marido, no sabe lo que tiene en casa. A mi me pasa lo mismo con mi mujer, es muy fría.
Mujer – Quiero verte, me excito mucho contigo. ¿Puedes hoy a las 4?
Hombre – A esa hora estoy trabajando.
Mujer – ¿No puedes salir, alegando motivos de trabajo?
Hombre – Apenas, me dejan salir al baño.
Mujer – ¡Ja, ja, ja…! Pues, dices que te sientes indispuesto.
Hombre – No puedo. Tiene que ser cuando salga a las seis.
Mujer – A las siete llega mi marido, y ya no puedo.
Hombre – Dile que vas a visitar a una amiga.
Mujer – ¿Y qué me harías si nos vemos?.
Hombre – Te tengo tantas ganas, que te comería entera.
Mujer – ¡Mmmmmmmmm! Me gusta. Te quiero mucho. Te deseo tanto…
Hombre – Desde que te conocí no pienso sino en tenerte entre mis brazos, y hacerte…
Mujer – ¿Hacerme qué…?
Hombre – ¡El amor…!
Mujer – ¡Lo estoy deseando…!
Hombre – ¡Y yo…! ¡Veámonos a las seis!
Mujer – Tengo que ver a mis hijos
Hombre – ¿Cuántos tienes?
Mujer – Tres…
Hombre – Igual que yo. Déjaselos a tu marido.
Mujer – ¡Ja, ja, ja…! Hay que acostarlos, y…
Hombre – ¿Cuántos años tienen?
Mujer – Siete, cinco y dos.
Hombre – Igual que los míos.
Mujer
– ¡Es que somos almas gemelas!
Hombre – Por eso mismo tenemos que vernos. ¿Dónde vives?
Mujer – Por la autopista y circunvalación.
Hombre – ¡Ehhh, yo también! Somos vecinos.
Mujer – Si que somos almas gemelas… Trataré de que mi marido se quede con los niños. Aunque Luisita, la menor, está agripada.
Hombre – ¿Luisita? Se llama igual que la mía. El mayor se llama Javier.
Mujer – ¡Qué casualidad!: el mayor mío también se llama Javier…
Hombre – ¡Martaaa…!
Mujer – ¡Albeeeeerto…!
Hombre –  ¡¡¡Puta…!!!
Mujer – ¡¡¡Impotente…!!!

Fabriciano González

Amante de la informática y de Internet entre otras muchas pasiones. Leo, descifro, interpreto, combino y escribo. Lo hago para seguir viviendo y disfrutando. Trato de dominar el tiempo para que no me esclavice.

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