Sociedad

La crisis de originalidad juvenil

En los tiempos que nos ha tocado vivir existen unas distancias abismales entre jóvenes y ancianos. Los jóvenes han perdido algo que los marcó durante largos periodos de la historia: la originalidad.

La crisis de originalidad juvenil

Bajo la expresión que titula este artículo, el francés Maurice Debesse ha tratado de sintetizar el complejo abanico de factores y elementos que convergen a la hora de configurar la postura crítica de una juventud en crisis.

Ante todo, las actitudes juveniles implican una «rebelión contra el padre», en cuanto representante más próximo de un mundo adulto que margina al joven y no le permite desarrollar su personalidad de una manera libre y responsable. En el mejor de los casos, se trata de ayudar a la realización del joven desde posturas paternalistas, que dan lugar a rechazos virulentos.

Pautas de conducta

Es cierto que en otros tiempos las pautas de conducta en la sociedad venían dadas verticalmente y su dictado apenas dejaba resquicio para que se consolidaran actitudes reacias a la aceptación del principio de autoridad. Quienes se movían por derroteros semejantes eran numéricamente escasos y se les consideraba socialmente desviados.

Nadie niega en nuestro tiempo que la rebeldía juvenil constituye un factor positivo en la afirmación de la personalidad. Es decir, que sería un elemento funcional y necesario en la maduración de la gente joven. Pero quedarse en esta consideración de la contestación juvenil, sería minimizarla en sus manifestaciones y manipular su significación.

Jóvenes y adultos

Hay un hecho innegable a tener en cuenta al respecto: la aceleración histórica de nuestro tiempo provoca un distanciamiento entre jóvenes y adultos progresivamente mayor. Cada vez son más las personas que en la plenitud de su vida advierten cuanto les separa de quienes rondan la veintena.

Frente al mundo establecido de los adultos, que asumen las funciones directivas en lo económico y lo político y se arrogan las responsabilidades, los jóvenes se sienten marginados. Pero, además, la sociedad post-industrial, en la que el malestar juvenil es más acentuado, muestra escasa imaginación y capacidad para dar la respuesta adecuada a las demandas afectivas y deseos de la juventud.

Por el contrario, los medios de socialización de que se vale, más que hacer compartir los presupuestos colectivos por la fuerza de la convicción, se empeñan en la tarea de adaptar a los jóvenes a esquemas propios de los adultos, a prepararlos para competir en una lucha en la que «los mejores» serán quienes logren «triunfar en la vida», expresión que viene a significar, en el fondo, disposición de bienes materiales y congruencia con los modelos ideológicos imperantes, que, por otra parte, predican una teórica igualdad de oportunidades que luego desdice la realidad.

No es necesario recalcar lo desafortunada y falaz que resulta una concepción tal del triunfo, en especial si consideramos la desigualdad de condiciones de que parten los individuos en esa insolidaria «lucha por la existencia». Una meta tan pobre de miras ha de ser necesariamente insatisfactoria para un joven con un mínimo de inquietudes.

Lo que marca la juventud

Nuestra época se caracteriza por una toma de conciencia de esta realidad desde la perspectiva juvenil, hasta el punto de que parece que existiera un movimiento universal con principios, modas y mitos similares. Sin embargo, las respuestas, a poco que se analicen, difieren bastante y van desde la voluntaria marginación y desinterés por cuanto el modelo social imperante ofrece -«pasar» en el argot juvenil- a la propuesta de alternativas concretadas con mayor o menor radicalidad y a veces encuadrada bajo una determinada bandera política.

La protesta juvenil ofrece, por ello, un panorama ambiguo y no siempre bien definido. Puede combinar la creatividad y la reivindicación de participar realmente en la construcción del mundo con posturas nihilistas muy poco constructivas. En cualquier caso, ahí está el enfrentamiento entre una sociedad y los grupos de edad que han de revitalizarla, hecho ciertamente grave. Y aunque las sociedades sean capaces de asimilar a la mayor parte de los jóvenes insatisfechos a medida que se integran en ella, no por ello desaparece la cuestión de fondo: la demanda de solución y satisfacción de unas necesidades vitales que van más allá del consumismo alienante y cuanto arrastra tras de sí.

Fuente: Bajo el signo de la juventud de Temas Clave, escrito por José Luis L. Aranguren, y publicado en el año 1982.

Fabriciano González

Amante de la informática y de Internet entre otras muchas pasiones. Leo, descifro, interpreto, combino y escribo. Lo hago para seguir viviendo y disfrutando. Trato de dominar el tiempo para que no me esclavice.

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