Sociedad

¿Cuál es la definición de la droga?

El consumo de drogas sigue estando ahí, con más incidencia que hace algunos años. Los consumidores de drogas en la sociedad actual suelen ser personas abocadas a un negro futuro.

¿Cuál es la definición de la droga?

Encontrar un significado exacto y a la vez realista al término droga no es tan sencillo como parece. Abordar los problemas y situaciones derivadas de su consumo, tampoco. Las definiciones médicas y farmacológicas se muestran insuficientes ante la complejidad de un tema de trascendencia mundial por sus implicaciones, pero cuya perspectiva concreta depende de cada sociedad y de cada cultura. Su tratamiento a base del recurso a las leyes simplemente, ha demostrado también su ineficacia, porque el problema hunde sus raíces en las características de todo un modelo de convivencia.

Aplicación del nombre de droga

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el nombre de droga resulta aplicable a toda sustancia, terapéutica o no, que introducida en el cuerpo por cualquiera de los mecanismos clásicos (inhalación de vapores o humos, ingestión, fricciones, etc.) o nuevos (administración parenteral, endovenosa, etc.) de administración de los medicamentos, es capaz de actuar sobre el sistema nervioso central del individuo hasta provocar en él una alteración física o intelectual, la experimentación de nuevas sensaciones o la modificación de su estado psíquico.

Esa modificación, condicionada por los efectos inmediatos (psicoactivos) o persistentes (crónicos), predispone a una reiteración continuada en el uso del producto. Su capacidad de crear dependencia, física o psíquica, en el consumidor es precisamente una de las características más importantes a la hora de definir una sustancia como droga.

Pero la dependencia no viene determinada exclusivamente por esa interacción entre la sustancia y el sistema nervioso central que, real y objetivamente, tiene efectos bioquímicos agudos, persistentes o crónicos a corto, medio
o largo plazo. Es una situación más compleja, en la que también intervienen la estructura social donde se desenvuelve el sujeto, sus relaciones dentro de un grupo humano y la agresividad en los mecanismos del mercado del producto.

En este factor dependencia está basada, precisamente, una de las clasificaciones más controvertidas de las drogas: duras o pesadas, cuando crean adicción física, y blandas o ligeras cuando no la crean.

Las drogas institucionalizadas y las otras

Naturalmente, al hablar de las drogas nadie o casi nadie piensa en las institucionalizadas, en las integradas en las pautas de comportamiento de la sociedad, porque gozan del respaldo de la tradición histórico-cultural y porque su producción, venta y consumo no están penalizados. Nadie o casi nadie parece referirse al alcohol, al tabaco o al café, por ejemplo, productos todos ellos de uso común, aunque sean capaces de crear más o menos graves toxicomanías.

La polémica se centra sobre todo, de manera parcial y en consecuencia erróneamente, en las sustancias no integradas, que no pertenecen al acerbo cultural de referencia, vividas como exóticas e ilegales. Para desgracia de quienes luchan por hallar soluciones realistas al problema, el nivel de información del gran público al respecto continúa basándose en estereotipos, en frases hechas y en noticias con mayor sensacionalismo que rigor científico.

No es extraño, pues, que la actitud social más generalizada abunde en juicios rotundos, casi siempre condenatorios, sobre las causas del problema, ni que recurra con facilidad a los legalismos, al enfoque exclusivamente penal, a la hora de las soluciones. Desde este punto de vista, el consumidor de drogas, de ciertas drogas sin prestigio social, continúa siendo sobre todo un delincuente.

La peligrosidad de las drogas

La mayor o menor peligrosidad de las drogas es algo difícilmente cuantificable. Desde una perspectiva médica estricta no cabrían ambigüedades: toda droga resulta nociva para la salud del hombre. Pero esta gradación de su carácter dañino, algo físicamente objetivo, se complica cuando entran en escena los diversos factores económicos, políticos e ideológicos que rodean al individuo.

El problema se enturbia y enmascara, se transforma en un rompecabezas en el que no caben los dogmatismos. Cada juicio sobre la bondad o maldad de cada droga exige un matizado ejercicio de análisis de los aspectos personales, sociales y culturales que caracterizan a su propio consumo.

Conclusión

Está claro que se ha producido un notable cambio cualitativo en el modo de enfocar el tema. El hecho de que la droga haya rebasado el marco de la utilización individual, elitista, para trascender a un consumo realmente masivo, ha contribuido a ello. Hoy, los tradicionales y legales alcohol, tabaco, medicamentos y cafeínicos comparten su hasta hace pocos años indiscutible reinado con el hachís, la coca, los opiáceos y los alucinógenos.

La búsqueda de nuevas experiencias, los problemas afectivos, la crisis de la familia, el deseo de escapar al control social, la marginación y la presión que ejercen ciertos mercados, figuran como las causas principales de su aparente éxito.

Para muchos individuos, sobre todo jóvenes, el paraíso ficticio de las drogas aparece como una forma, si no de lucha, sí de contestación, de transgresión de lo establecido, de enfrentamiento radical contra los principios y los valores de una sociedad que les es hostil y en la que no creen. Solo que, frecuentemente, el supuesto remedio tiene mayores costes que la enfermedad. Si difícil es que las drogas ayuden, a largo plazo, a soportar mejor determinados problemas, imposible es que contribuyan al cambio social para que desaparezcan precisamente algunas de las situaciones que conducen más frecuentemente a la drogadicción.

Fuente: Temas Clave de Aula Abierta Salvat – El fenómeno droga. Publicado en el año 1982
Autor: Francesc Freixa i Santfeliu

Fabriciano González

Amante de la informática y de Internet entre otras muchas pasiones. Leo, descifro, interpreto, combino y escribo. Lo hago para seguir viviendo y disfrutando. Trato de dominar el tiempo para que no me esclavice.

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