Es algo habitual en todas las personas: el tirar un pedo de vez en cuando. Algunas lo hacen sin ningún reparo y otros expulsan una flatulencia cuando no tienen a nadie en sus proximidades. Un grupo de científicos está buscando voluntarios con el fin de averiguar detalladamente la gama de flatulencias humanas.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Maryland han puesto en escena un dispositivo portátil destinado a medir las citadas flatulencias humanas, más conocidas como pedos. Los resultados del estudio se pueden examinar en ScienceDirect.
El citado dispositivo está formado por una serie de sensores que rastrean el gas hidrógeno liberado en la expulsión de pedos. Con ello los científicos pueden obtener mejores resultados a la hora de analizar la citada función corporal.
Investigación sobre las flatulencias humanas
Un grupo dirigido por Brantley Hall, profesor adjunto del Departamento de Biología Celular y Genética Molecular de la UMD, desarrolló un sensor portátil compacto que se adhiere a la ropa interior. El dispositivo indicado utiliza sensores electroquímicos para monitorizar continuamente la producción de gases intestinales durante el día y la noche.
Se sabe que los adultos sanos expulsan gases un promedio de 32 veces al día. Hasta ahora se consideraba que las citadas expulsiones eran alrededor de 14 diarias. Además se ha comprobado que no todos los participantes tenían la misma soltura. Algunos solo soltaban pedos 4 veces al día, y otros alcanzaban los 59.
A tener en cuenta
Hall, director del estudio, ha dicho lo siguiente: «La medición objetiva nos da la oportunidad de aumentar el rigor científico en un área que ha sido difícil de estudiar«. Está claro que los resultados son más precisos que los obtenidos de lo que contaban los participantes en otras investigaciones, ya que primaba la subjectividad.
Las flatulencias humanas se componen principalmente de hidrógeno, dióxido de carbono y nitrógeno. Algunas personas también producen metano. El hidrógeno es especialmente importante porque lo generan exclusivamente los microbios intestinales al descomponer los carbohidratos no digeridos. Mediante la medición continua de los niveles de hidrógeno, los investigadores pueden observar cuándo y con qué actividad el microbioma fermenta los alimentos.
Hall añadió lo siguiente: «Hemos aprendido muchísimo sobre qué microbios viven en el intestino, pero menos sobre qué hacen realmente en un momento dado. El Atlas de Flatos Humanos establecerá puntos de referencia objetivos para la fermentación microbiana intestinal, una base esencial para evaluar cómo las intervenciones dietéticas, probióticas o prebióticas modifican la actividad del microbioma«.
Conclusión
Como podemos ver, el conocer el número de flatulencias que lanzamos a diario puede servir para determinar si nuestro funcionamiento intestinal está bien o tiene problemas. Con ello los científicos podrán idear el modo de estudiar la digestión, la dieta y los billones de microbios que habitan en el intestino humano.