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Un cuento para hoy

Queremos retener a nuestros hijos, eternizar el cordón que los une a nosotros. Contamos para eso con la experiencia, el poder, la fuerza, el dinero y, sobre todo, el saber. Porque siempre creemos que sabemos más que ellos.

— Papi… papi… Estuve con Huguito, que viene de pelearse con su papá…
— ¿Y por qué se peleó con su papá?
— Porque el papá de Huguito dice que él sabe más que Huguito…
— Sí… hijo. El papá de Huguito sabe más que Huguito.
— ¿Y cómo sabés vos, si no lo conocés al papá de Huguito?
— Bueno, porque es el padre, hijo, y el padre sabe más que el hijo.
— ¿Y por qué sabe más que el hijo?
— Y… ¡porque es el papá!
— ¿Qué tiene que ver?
— Bueno, hijo, el papá ha vivido más años… ha leído más… ha estudiado más… Entonces sabe más que el hijo.
— Ah… ¿Y vos sabés más que yo?
— Sí.
— ¿Y todos los padres saben más que los hijos?
— Sí.
— ¿Y siempre es así?
— Sí.
— ¿Y siempre va a ser así?
— Sí, hijo, ¡siempre va a ser así!
— ¿Y la mamá de Martita sabe más que Martita?
— Sí, hijo. La mamá de Martita sabe más que Martita…
— Decime papá, ¿quién inventó el teléfono?

El padre lo mira con suficiencia y le dice:
— El teléfono, hijo, lo inventó Alexander Graham Bell.
— ¿Y por qué no lo inventó el padre de él que sabía más?

¿Será cierto que sabemos más que nuestros hijos?
A veces sí y a veces no. En el mejor de los casos, intentamos capacitar a nuestros hijos para entrenarlos a resolver problemas que nunca van a tener. Porque van a tener otros… ¡que nosotros ni siquiera pudimos imaginar!

  Cuestión neuronal

Un cuento para hoy

Los padres no vamos a vivir en el mundo de nuestros hijos. Nosotros hemos vivido en el nuestro.
Las enseñanzas que nos daban nuestros padres y las que nuestros abuelos les daban a ellos servían porque el mundo era más o menos parecido. El mundo en el que vivieron mis tatarabuelos era muy parecido al mundo en el que vivieron mis bisabuelos.
Lo que mi tatarabuelo había aprendido a mi bisabuelo le servía. Lo que mi abuelo aprendió le sirvió más o menos a mi padre. Lo que mi padre aprendió a mí me sirvió bastante. Pero lo que yo aprendí a mi hijo le va a servir muy poco. Y quizás, lo que mi hijo aprenda a mi nieto no le sirva para nada…

Suceden cosas muy interesantes en el mundo en el que vivimos.
Como dicen ahora, “los chicos son cada vez más inteligentes”. Y es verdad. Hace treinta años, en neonatología los índices de maduración normales del bebé para el sostenimiento de la cabeza oscilaban entre los ocho y los diez días. Hoy la mayoría de los bebés nacen pudiendo sostener la cabeza.
Los chicos nacen más maduros, a las tres semanas de vida tienen reflejos que antes aparecían a los dos o tres meses. Tienen una capacidad de aprendizaje que nosotros, cuando nacimos hace cincuenta años, no teníamos porque era normal no tenerla.

Autor/a: Desconocido/a. (Lo recibí en mi buzón de correo electrónico, como uno más de esos cotidianos reenvíos). Ya llevaba algún tiempo, bastante tiempo, publicado en una página perdida de Batiburrillo.net. Lo acabo de recuperar para todos vosotros.

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Acerca de fabriciano

Amante de la informática y de Internet entre otras muchas pasiones. Leo, descifro, interpreto, combino y escribo. Lo hago para seguir viviendo y disfrutando. Trato de dominar el tiempo para que no me esclavice.