El volumen de agua existente en la Tierra, siempre similar y evaluado en unos 1.360 millones de kilómetros cúbicos, se halla en constante movimiento gracias a la acción del calor del Sol y a la fuerza de la gravedad. De ahí la importancia de considerar el agua como un compuesto esencial para la vida en nuestro plantea.
De los mares, océanos y aguas continentales pasa a la atmósfera, merced a la evaporación, y de la atmósfera a los hielos, ríos y lagos, en forma de precipitaciones, hasta su regreso de nuevo a mares y océanos. Cada molécula de agua repite así, constantemente, un proceso natural conocido como ciclo hidrológico. Un largo camino para cuya explicación quizá baste acompañar el viaje de una molécula de agua sumergida en lo más profundo del océano tropical.
La convección atmosférica
A caballo de los movimientos convectivos del agua marina, la molécula, sumergida tal vez durante más de mil años en las profundidades, asciende por fin y alcanza la superficie. La temperatura del agua ha aumentado durante su ascenso, incrementando progresivamente su energía hasta que, al contacto directo con los rayos solares, logra romper los enlaces de hidrógeno que le unen a sus compañeras, desprenderse de las sales marinas y evaporarse a la atmósfera.
Ahora es una molécula aislada, a merced de los vientos, que tenderán a llevarla hacia latitudes mayores, y en constante ascenso hasta que, algunos kilómetros más arriba, la pérdida de calor la detenga y propicie su unión con otras moléculas para formar una gotita de agua o un minúsculo cristal de hielo. Millones de estas gotas o cristales darán origen poco a poco a las nubes, suspendidas en el aire hasta que nuevos descensos de la temperatura ambiental multipliquen la fusión de gotas o cristales de hielo y provoquen así su precipitación por efecto de la gravedad.
La gota de agua y el camino que recorre
El viaje de la molécula de agua habrá durado, por término medio, unos doce días, suficiente para cerrar su ciclo si la precipitación de la que forma parte cae en el mar, pero solo un capítulo en su historia si cae sobre alguna montaña elevada. En este caso, antes o después pasará a formar parte de las más dulces o aguas continentales.
Ello le hará descender resbalando por un torrente, quizá después de aguardar meses esperando el deshielo, hasta desembocar en un río y, a través de éste, en el mar. Sin embargo, existe un tercer camino para la gota de agua en la tierra: la filtración en el terreno y su incorporación a los caudales hídricos subterráneos, donde en muchos casos permanecerá centenares de años.
La muerte de una molécula de agua
¿Puede morir una molécula de agua? No, en el sentido literal de la palabra, pues no está viva. Lo que puede es descomponerse si va a parar a las raíces de una planta, porque los vegetales, ayudados por la energía luminosa, obtienen productos orgánicos y oxígeno a partir del agua y del dióxido de carbono.
De todas formas, la pérdida de moléculas de agua, como resultado de este proceso de transformación, queda ampliamente compensada por el nacimiento constante de nuevas moléculas en forma de vapor, durante la respiración de los animales, en todas las combustiones y en multitud de otros procesos naturales o industriales.
Conclusión
El hombre intenta a veces adaptar o modificar en lo posible el ciclo hidrológico, para hacerlo más útil a sus necesidades. Los ingenios para acelerar las precipitaciones lluviosas, el traslado de icebergs a regiones áridas sin agua dulce, la desalinización del agua del mar para hacerla potable, o la construcción de presas y embalses, para controlar el flujo de los ríos son otros tantos ejemplos de la injerencia humana en un ciclo natural, el del agua, tan gigantesco, que, por si solo, consume la cuarta parte de la energía que el planeta Tierra recibe de la estrella Sol.
Fuente: Temas Clave de Aula Abierta Salvat – El agua, cultura y vida. Publicado en el año 1981
Autor: Claudio Mans Teixido.