Existe un tipo de bloqueo creativo que no se debe a la falta de ideas. Se trata de la parálisis que produce tener demasiadas ideas o demasiadas ideas que ya se han tenido. La página en blanco no está vacía de contenido; a veces está llena de expectativas, de cómo uno cree que debería ser. Contrariamente a la intuición, uno de los métodos más fiables para distribuir ese peso es el azar.
El mito de la mente puramente original
Idealizamos la creatividad como algo que surge de una sola mente, una sola disciplina, una mente enfocada. Un genio solitario que, sin ver nada en particular, crea algo a partir de ello. Pero esto es, en gran medida, una ilusión, y la mayoría de los escritores, artistas y pensadores lo saben. No existe tal cosa como la magia. Solo existe la conexión. Es la creación de conexiones inesperadas entre lo que normalmente no se asocia. Si la conexión es el motor de la creatividad, entonces la aleatoriedad es el motor, ya que no hay nada más impredecible a la hora de generar conexiones inesperadas.
Escribir una frase a la vez, sin saber adónde va, le dará el control a la parte subconsciente de tu cerebro. No estás editando a los editores (la voz interior que entiende lo que una historia debería hacer), sino que dejas que la voz más primitiva tome el control. La frase principal que obtengas puede sorprenderte. No es casualidad que esté tan sorprendido. Es el trabajo que te está revelando algo que tu mente consciente aún no comprendía.
Cómo cambiar tu forma de pensar para lograr más con menos en la resolución creativa de problemas
La manera habitual de crear es muy progresiva y lógica. Puedes comenzar con una idea original y luego darle forma para desarrollarla y refinarla. Todos los pasos fluyen uno tras otro. Esto es ordenado y eficiente, pero tiene un problema: el resultado tiende a parecerse a lo que ya has producido. Tu cerebro se inclina por lo conocido. Tus frases empiezan a sonar como siempre. Tus historias se encaminan hacia los finales que siempre has deseado.
La aleatoriedad interrumpe esto. Si agregas un verdadero Random Sentence Generator Una palabra, una regla sin conexión temática con el resto de la historia, una primera frase elegida al azar: obligas a tu cerebro a resolver un problema en el que no había pensado. Las respuestas a ese problema, que quizás no esperes, suelen ser más interesantes que las que sí esperas.
Por eso, resulta que ejercicios como el surrealista juego de salón «El cadáver exquisito», que exige que todos contribuyan a una historia sin leer lo que se ha escrito previamente, siguen vigentes después de casi cien años. No se trata solo de juegos. Son ejemplos de las consecuencias de eliminar la conjunción «y» entre las ideas. Es algo más vivo, más extraño y más honesto que lo que una sola mente deliberada podría concebir.
La oración como unidad de valentía
Escribir una oración a la vez, sin tener idea de la siguiente, es un signo de valentía creativa, y a menudo se subestima. Implica el compromiso de realizar una inversión inicial antes de tener la oportunidad de descubrir lo que depara el futuro. Una oración es una promesa; marca una dirección, establece un tono, genera expectativas en la mente del lector. Sin un plan, ¿cómo se puede escribir la siguiente oración sin cumplir esa promesa, sin una red de seguridad?
Esto se parece mucho a lo que ocurre en la música o el teatro al improvisar. El músico de jazz que toca una nota sin saber adónde irá la frase no está siendo imprudente… está respondiendo. Está respondiendo a la música que ya ha sonado y lo hace con sinceridad. Lo mismo sucede al escribir una frase a la vez. Cada frase es una afirmación. La siguiente frase es una respuesta a la anterior. En cierto modo, estás dialogando con tu propia obra.
Métodos prácticos para escribir a través del azar
Varias maneras concretas de introducir el azar en el proceso de escritura. La técnica del «recorte», de la que William S. Burroughs fue un maestro, es una de las más antiguas de la ciudad. Los fragmentos resultantes servirán como inspiración y te obligarán a conectar palabras y frases que no estaban pensadas para ello.
Existe otro enfoque de la escritura, denominado escritura basada en restricciones. El grupo literario francés Oulipo desarrolló toda una filosofía en torno a este concepto y creó lipogramas (obras en las que no se utiliza una letra específica), en los que el desarrollo de la historia está determinado por el uso de estructuras matemáticas fijas y en los que la historia se escribe a partir de una cuadrícula de letras seleccionadas al azar. Si bien las limitaciones pueden parecer restrictivas a primera vista, resultan liberadoras, ya que eliminan la tiranía de las opciones ilimitadas.
El Generador de oraciones aleatorias. El ejercicio de la palabra clave es otra práctica sencilla que puedes realizar a diario: elige cualquier libro y cualquier página, señala una palabra sin mirarla y escríbela como la última palabra de la primera oración. A partir de ahí, trabaja hacia atrás. Tu cerebro se esforzará mucho por encontrarle sentido a un punto de referencia sin sentido, y creará una lógica muy interesante y coherente para lograrlo.
Por qué la frase más inesperada suele ser la que mejor lo sabe.
Hay algo más profundo en todo esto, algo que los escritores solo descubren después de haber trabajado lo suficiente en contra de sus instintos. La frase que no encaja, que no se ajusta, que no fue invitada, que no sonaba bien, esa es siempre la más acertada.
Esto se debe a que la aleatoriedad no se somete a ningún tipo de autocensura. La mente racional y planificadora filtra lo que no le gusta sobre la marcha. Elimina lo extraño antes de que llegues a la página, incluso suaviza la sensación incómoda, elimina ese toque que podría inquietar al lector. La aleatoriedad no tiene modales. Presenta la imagen tal como es, con toda su rareza y sin filtros.
Así pues, la tarea del escritor no consiste en vencer lo aleatorio, sino en colaborar con él. Escribir la frase que surgió sin ser invitada, la siguiente, la siguiente, sin ninguna idea de razón, sin ninguna idea de significado, sin ninguna idea de lo que la obra sabe que el escritor aún desconoce.
La creatividad, en definitiva, tiene menos que ver con el control de lo que nos gusta admitir. Se trata de la disposición a dejarse sorprender, y de la disciplina para permanecer en la habitación el tiempo suficiente para descubrir qué intentaba decir esa sorpresa.