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Comunicación no verbal

La comunicación entre personas incluye, además de las palabras, una serie de elementos encuadrados en lo que se conoce como elementos no verbales.

Comunicación no verbal

Una conversación contiene un conjunto de elementos de carácter vocal (palabras y enunciados, cualidad de la voz, chasquidos de lengua, silbidos, sonidos y combinaciones de sonidos que no pertenecen al sistema de la lengua) y otros de carácter no vocal (posturas, movimientos de la cabeza y de las manos, miradas, expresiones faciales, etc.).

Todos estos elementos transmiten información a los participantes en la conversación, aunque se trata de tipos de información muy diferente. Existen los elementos propiamente lingúísticos, los enunciados y las palabras, lo que se dice: son los componentes denominados verbales, transmiten información de conocimientos; otros elementos, la cualidad de la voz, el rostro, las posturas, transmiten información indicial acerca del hablante (su modo de ser, su personalidad, su estado anímico, su pertenencia a un grupo social).

Un tercer tipo de elementos sirve para regir el desarrollo de la conversación: son los que gobiernan y dirigen la organización secuencial y el progreso temporal de la conversación: pausas en las que cambia el turno de palabras, los contactos visuales entre los participantes o los cambios de postura de los hablantes que sirven para puntuar la conversación (Laver y Hutcheson).

Se advierte que en este conjunto heterogéneo hay elementos lingüísticos, elementos paralingüísticos que los acompañan y fenómenos claramente extralingüísticos. Todos ellos son fundamentales en la comunicación diaria, se adquieren culturalmente y varían fuertemente de un grupo social a otro.

Hay investigadores que solo reconocen dos tipos de fenómenos y elementos: lingüísticos y paralingüísticos, mientras que, en otros casos, el problema radica en situar los elementos. La entonación, por ejemplo, ¿es lingüística o paralingüistica?

Sea cual fuere el criterio de clasificación que se elija (vocal/no vocal; verbal/no verbal; lingüístico/no lingüistico, incluso con la mezcla de los tres, como parece más correcto), hay que reconocer que en una conversación, de acuerdo con Birdwhistell, no más del 30 o del 35 por 100 del significado social está representado por palabras.

Es un campo difícil, pero hay que reconocer que en una conversación, de acuerdo con Birdwhistell, nos ha escrito Abercrombie: «El estudio del comportamiento paralingüístico es parte del estudio de la conversación. El uso coloquial del lenguaje no puede ser comprendido propiamente si no se tienen en cuenta los elementos paralingüísticos«.

Las investigadores en los últimos años han creado varias ramas para estudiar estos aspectos de la comunicación humana: la cinésica (kinésica o quinésica, pues aparece en nuestra lengua con las tres formas gráficas), que se ocupa de los movimientos y las posiciones corporales, y la proxémica, que analiza la estructuración que el hombre hace de los microespacios en su conducta diaria.

La cinésica intenta recoger los movimientos que son significativos dentro de un grupo cultural determinado, de acuerdo con los principios expuestos por Birdwhistell: «El movimiento corporal es una forma aprendida de comunicación, que está pautada dentro de cada cultura y es susceptible de analizarse en forma de sistema ordenado de elementos diferenciados«.

Si se medita sobre el hecho de que los fisiólogos reconocen que la cara puede realizar más de 20.000 movimientos diferentes y, también, que hay movimientos de cejas que duran millonésimas de segundo, se comprenderá fácilmente la extraordinaria dificultad que conlleva intentar reducir las expresiones faciales a 32 unidades básicas mínimas. Estas unidades básicas mínimas se combinan, a su vez, con otras para ir formando las unidades superiores, que se combinan con los enunciados lingüísticos.

El comportamiento proxémico de los individuos es cultural; en cada grupo está regulada de manera muy rígida la distancia para hablar con las personas, por ejemplo. Hall observó que este comportamiento tiene que ser estudiado en relación con ocho dimensiones distintas: 1) posturas; 2) orientación de los hablantes; 3) distancia física: íntima, personal, social y pública; 4) contactos físicos y su código; 5) miradas y contactos visuales; 6) código térmico, ya que la piel es emisora y receptora ideal de rayos infrarrojos; 7) código olfativo y 8) intensidad subjetiva de la voz.

Sabemos que diferentes tareas se asocian con diferentes ordenaciones espaciales: no se sientan igual las personas en la cafetería que en la sala de una biblioteca, donde la costumbre es hacerlo en diagonal. En las conversaciones, se prefiere colocarse al lado en las mesas de tipo redondo, y en los lados próximos al ángulo en las rectangulares o cuadradas.

Hay aspectos fundamentales en la comunicación no verbal, sobre todo el contacto que establecen con sus miradas a los ojos de los participantes en la conversación. De acuerdo con Argyle y Dean, existen más miradas cuando el sujeto oye que cuando habla (en proporción 3/1); se intensifican según el interés por el tema y disminuyen cuando hay tensión entre los participantes. Los contactos oculares sirven para probar que el interlocutor ha recibido nuestros enunciados y contribuyen a regular el mecanismo de turnos de palabra

Fuente: Temas Clave de Aula Abierta Salvat – Qué es hablar. Publicado en el año 1982
Autor: José Manuel Blecua.

fabriciano

Amante de la informática y de Internet entre otras muchas pasiones. Leo, descifro, interpreto, combino y escribo. Lo hago para seguir viviendo y disfrutando. Trato de dominar el tiempo para que no me esclavice.

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