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Gestos Simbólicos, los que representan estados de ánimo

Que los Gestos Simbólicos son, en multitud de ocasiones, difíciles de interpretar, está claro. Su origen es oscuro, aunque algunos de ellos pueden adivinarse. En cada país experimentan variaciones. Casi siempre muestran algo que no funciona en el cerebro.

Gestos Simbólicos, los que representan estados de ánimo

Un Gesto Simbólico indica una cualidad abstracta que no es fácil de expresar en el mundo de los objetos y los movimientos. Es un escalón más allá del Gesto Mímico.

¿Cómo podríamos indicar la estupidez de alguien? Podría hacerse una representación teatral mímica del babeante tonto del pueblo, pero eso significa una total inferioridad mental y no nos sirve si queremos mencionar la deficiencia momentánea de una persona normal. Para aclararlo, lo que se hace, en cambio, es atornillar el índice en la sien (indicando que hay un tornillo suelto) o dar vueltas con el dedo apuntando al mismo lugar para mostrar que su cerebro está suelto y flota en el aire.

La señal que acompaña a un gesto simbólico

Mucha gente comprende esa señal, pero no toda, porque quizás en su sistema de comunicación local tengan para ello otros signo, como golpear el codo del brazo levantado, subir y bajar la mano a la altura de los ojos semicerrados, dar vueltas a la mano alzada o apoyar un índice en la frente, lo que resulta incomprensible para nosotros.

Más complicado resulta cuando la referencia a la estupidez en un país significa lo contrario que en otro. En Arabia Saudí se describe a un tonto tocándose con la punta del dedo índice el párpado inferior propio. Pero ese mismo signo en otros lugares significa listeza, agilidad, astucia, maldad…

La razón de este caso aparente es simple. Se trata de dar la importancia que se merece al órgano de la visión. El acto no significa nada más, pero el mensaje puede serlo todo. Desde «sí, lo veo» a «no puedo creer a mis ojos«, o «fíjate bien, no lo pierdas de vista«, o «me gusta lo que veo«. En cada cultura, el acto de ver tendrá un significado distinto y el acto de señalarlo, por consiguiente, también será diverso.

Problemas con los Gestos Simbólicos

Tenemos, pues, dos problemas básicos, en relación a los Gestos Simbólicos. Un significado puede señalarse con distintos actos o distintos significados derivan del mismo acto, según nos trasladamos de una cultura a otra. De este modo, la única solución es acercarnos a los Gestos Simbólicos de cada cultura con el mismo interés con el que nos acercamos a su lengua y vocabulario.

Para ello nos ayudaría conocer la relación entre el acto y su significado, pero eso no siempre es fácil. Un caso típico es el del «marido engañado«, que en los países mediterráneos se representa por un par de dedos, índice y meñique, levantados.

No hay ninguna duda de que esos dedos representan un par de cuernos de toro. Está claro que se trata de un Gesto Esquemático, pero el problema en este caso es que esos dos dedos no envían el mensaje «toro«, sino el mensaje «marido engañado«. Se trata, pues, de un gesto simbólico, pero ¿dónde está el lazo entre los toros y el engaño conyugal?

Históricamente lo ignoramos, y los estudiosos no han tenido más remedio que especular sobre lo ocurrido, lo que ha resultado más difícil si se piensa que la mano encornada tiene además otro significado: el de protección contra el cenizo, o «mal de ojo«. Parece razonable pensar que en ese caso se evoca la ferocidad y poder del toro para defender al temeroso del maleficio, pero ¿qué tiene que ver eso con la debilidad y la torpeza del marido engañado?

Defensa y burla

Alguien creyó encontrar la explicación: un gesto -el de defensa- alude al toro entero en toda su fuerza viril, mientras el otro -el de burla- alude al toro castrado. Dado que un toro puede cubrir de cincuenta a cien vacas anualmente, desde que existe la ganadería se ha procedido a castrar los toros que no eran necesarios para asegurar la reproducción (bueyes), con el fin de emplearlos para carne o labores campesinas.

Es conocida la escena folklórica -a nivel de chiste y refranero- de unos toros castrados mirando impotentes -nunca mejor dicho- como otros disfrutan de las compañeras que les pertenecían si el hombre no hubiese intervenido con su cuchillo.

Buey y marido engañado

De ahí la ecuación: toro (buey) igual a marido engañado. Pero hay otras interpretaciones posibles. Una, la de que el marido traicionado, al enterarse, se irrita y ataca a los culpables como un toro furioso. O los de que fue Diana la que convirtió los cuernos en símbolo de la humillación masculina al transformar al cazador Acteón -que la había sorprendido bañándose con sus ninfas- en un ciervo, al cual devoraron sus propios perros. O la de los cuernos, símbolo de poder entre los dioses paganos, fueron transferidos por éstos a los maridos de las mujeres que se habían prostituido en su devoción como regalo del ridículo.

O, por último, la metáfora alude en realidad a la antigua costumbre de injertar los espolones de un gallo castrado en la raíz de sus cresta, para que creciesen en forma de cuernos, lo que nos daría el eslabón perdido entre los términos castrado y cuernos. Una prueba posible de esta última teoría es que la palabra alemana para el marido engañado, Hahnrei, en principio significa «capón«.

A tener en cuenta

La imaginación, como se ve, ha jugado un papel importante en la búsqueda del significado de un gesto tan sencillo, lo que basta para demostrar hasta que punto se nos escapa en ocasiones el origen de muchos Gestos Simbólicos.

Otros, no obstante, son fáciles de adivinar. «Mantén los dedos cruzados» es un ejemplo típico. Aunque es usado por mucha gente no cristiana, representa, con el dedo pulgar y el índice, el signo de la cruz que desde tiempos añejos sirve de salvaguarda contra un posible peligro.

Fuente: El hombre al desnudo de Desmond Morris. Publicado, en el año 1977, por Muy Interesante, Biblioteca de Divulgación Científica

Fabriciano González

Amante de la informática y de Internet entre otras muchas pasiones. Leo, descifro, interpreto, combino y escribo. Lo hago para seguir viviendo y disfrutando. Trato de dominar el tiempo para que no me esclavice.

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