Los años mandan y ello trae consigo que a partir de una determinada edad la adquisición de ciertas enfermedades sea más frecuente. En la lista se incluye la enfermedad de Parkinson, pero todo puede tener una cierta solución. Según una nueva investigación, publicada en Neurology, las personas que padecen la citada enfermedad pueden frenar su desarrollo si se ocupan en incrementar su actividad física.
La indicada actividad física contribuye a que el deterioro en el pensamiento y en la memoria sea menor. La movilidad también se conserva mejor. En dicha investigación no se dice que la actividad física traiga consigo un notable cambio en el desarrollo de la enfermedad. Lo que sí se ha dicho es que ambas acciones entablan una importante relación.
Sobre la investigación relacionada con la enfermedad de Parkinson
Ya se han realizado investigaciones en las que se han encontrado relaciones positivas entre la actividad física y los síntomas motores en enfermedades. El estudio del que hablamos indica que la actividad física puede tener beneficios duales, asociándose con un deterioro más lento tanto en el movimiento como en la cognición.
El autor del estudio, Dong-Woo Ryu, de la Universidad de Cincinnati en Ohio, ha dicho lo siguiente: «La enfermedad de Parkinson es un trastorno cerebral que causa problemas cognitivos y de movimiento que empeoran gradualmente, lo que lleva a la discapacidad y a la pérdida de independencia«.
En la investigación participaron, durante un máximo de siete años, 294 personas con enfermedad de Parkinson, con una edad promedio de 66 años. Cada uno de ellos completó cuestionarios en los que indicaban las horas semanales de actividad física en el trabajo, en casa y durante la realización de sus aficiones o actividades recreativas.
Seguimiento de la actividad física
La actividad moderada incluía caminar a paso ligero, jugar al tenis en pareja, nadar a baja intensidad y realizar tareas domésticas como lavar ventanas, aspirar o cortar el césped, y también subir y bajar escaleras. La actividad vigorosa incluía correr, montar en bicicleta a gran velocidad, practicar deportes de equipo y jugar al tenis individual, así como mover y cargar objetos pesados.
Se midió el tiempo total de cada actividad física, fuese moderado o vigoroso. Los participantes se dividieron en tres grupos: los que dedicaban cuatro horas a la semana, los de actividad media con ocupación entre cuatro y ocho horas, y los de alta actividad con más de ocho horas.
Resultados de la investigación
Se llevaron a cabo pruebas cognitivas durante todos los procesos de actividad. Se ajustaron los resultados según la edad, el sexo y la duración de la enfermedad. Los investigadores descubrieron que los valores más altos en las tres medidas de actividad se asociaban con un deterioro cognitivo más lento y un empeoramiento más pequeño de los síntomas motores.
Dong-Woo Ryu dijo al respecto lo siguiente: «Los posibles beneficios de la actividad física para las personas con enfermedad de Parkinson pueden depender de cuánto tiempo se mantengan activas y de si continúan haciendo ejercicio a lo largo del tiempo«.
Conclusión
Está claro que habrá que seguir con investigaciones similares con el fin de llegar a conclusiones en las que prime la precisión. Ello contribuirá a saber lo que deben hacer las personas que están sometidas a la enfermedad de Parkinson con el fin de evitar que los males evolucionen.