Ciencia y tecnología

La civilización de la imagen

Está claro que "una imagen vale más que mil palabras". Hoy no podemos considerar nuestras vidas sin imágenes. Todas las noticias, marcadas por una porción del texto, deben ir acompañadas de una o varias imágenes.

La civilización de la imagen

El 20 de julio de 1969, el mundo entero permaneció pendiente de los aparatos de televisión, con la imagen como marca. Por vez primera, dos hombres, los norteamericanos Neil Armstrong y Buzz Aldrin, iban a poner su pie sobre la superficie lunar. Y cuando esto ocurrió, en todo el planeta se pudo captar la representación del suceso a través de la imagen.

Una imagen que revestía un gran poder icónico, por la fuerza que tenía de por sí y la solidez informativa, por la densidad e importancia de la noticia difundida. Y ello a pesar de las dificultades obvias que impidieron la llegada a la Tierra de una imagen perfecta o, lo que es igual, que la retransmisión fuera, en cierto modo, técnicamente opaca.

Pero era una imagen bruta que causó sin duda un impacto muy superior al que hubiera supuesto una retransmisión radiofónica o a la información ofrecida por un relato periodístico, por muy rápidas que se hubieran realizado las ediciones. El mundo, cada uno de los telespectadores de aquella ocasión, conoció el acontecimiento como sujeto consumidor y pasivo de las imágenes ofrecidas. Tuvo acceso al objeto real por medio de su representación icónica.

La segunda mitad del siglo XX ha impuesto lo que se ha dado en llamar civilización de la imagen y que, para ser más precisos, debiera denominarse era del simulacro, de la representación. Porque el devorador consumo de imágenes que el hombre realiza se manifiesta como un sistema coactivo, regido por leyes específicas, y que cristaliza en una forma de ver y entender el mundo, que influye decisivamente en la vida de los hombres. Las imágenes del entorno espacial y temporal cotidianos son difundidas por los medios de comunicación de masas, los mass-media de la fotografía a la prensa, del cine a la televisión, del video, a las que eran en aquellos momentos posibilidades futuras del ordenador y hoy son una realidad. Todas se integran en una utilización racional y pragmática, una verdadera economía general de los signos, que informan el universo socio-cultural.

Nadie puede, ni quizás le interese explicar el cómo vienen y desaparecen las imágenes, el porqué se significan, de qué manera entran en las iconotecas y cinematecas, verdaderos archivos de la historia de nuestro tiempo. Una fanática religiosidad de lo visual caracteriza el entorno, un vicio de poseer la imagen espectacular (voyeurismo, dicen los franceses) se apodera del hombre en un intento por alcanzar lo real de forma imaginaria, como si de una magia de aprehensión se tratara y, al igual que el hombre del paleolítico creía dominar el objeto representado en sus pinturas o captar sus cualidades, el contemporáneo acumula imágenes de lo que es y de lo que no es, de lo deseado y lo inalcanzable.

Pero hay algo más: las imágenes son distribuidas por medios de comunicación unidireccionales, programados con un determinado propósito, e intransitivos, es decir, que no admiten réplica de los receptores de la imagen, que queda en ellos como un fin en sí misma y a todos los nivela porque no los distingue cualitativamente. Incluso cuando el sujeto produce sus propias imágenes, le vienen facilitadas por medios de registro cada vez más refinados, que dejan poco margen a la creatividad: Con la Yashica Electro 35 (una cámara analógica existente aún hoy en día) solo hace falta apuntar, enfocar y disparar. El cerebro y el obturador electrónico harán el resto, rezaba la propaganda de esa marca japonesa.

El objetivo de este artículo es iniciar la valoración de esa inmensa galería eufórica de imágenes, distinguir sus elementos visibles, analizar su contenido y significación, buscar sus sistemas de motivaciones. Claro que es necesario partir de la dificultad que supone la existencia de una diversidad de lenguajes y de los diferentes instrumentos técnicos utilizados para producirlos.

Fuente: Temas Clave de Aula Abierta Salvat – El poder de la imagen. Publicado en el año 1981
Autor: Domènec Font

fabriciano

Amante de la informática y de Internet entre otras muchas pasiones. Leo, descifro, interpreto, combino y escribo. Lo hago para seguir viviendo y disfrutando. Trato de dominar el tiempo para que no me esclavice.

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